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Vivo una dimensión alternativa ambigua y nebulosa. Un paréntesis entre los recuerdos de hace unos meses, la vida que supuestamente iba a vivir,  la incertidumbre del futuro y las certezas que estarán por llegar.

Y qué raro se me hace todo… y qué rara me siento ahora mismo. Qué difícil es hacer memoria, poner un orden cronológico. Distinguir el antes, el después, lo que se ha cruzado por en medio, diferenciar lo que era realidad de lo que es mentira.

Estos días desconfío de todo. Aún desconozco si soy la misma de hace meses, si se está forjando algo nuevo, si será malo o será bueno. ¿Y si ya no quiero ser la persona que era antes, la que provocó todo esto? ¿Y qué pasa si no sé como ser una persona nueva? Se supone que debo ponerme a reconstruir todo? Espero que en algún lugar haya personalidades de oficio, y que se me asigne una con carácter de urgencia.

Qué estrambóticos (casi molestos) los recuerdos de hace tan sólo unos meses, que parecen haber ocurrido siglos atrás. Es extraño haber vivido tantas emociones, tantas sensaciones en este tiempo, que se me antoja tan largo y tan eterno a la vez. Ahora mismo estoy cansada. Mis músculos están desgastados de tanta expresión triste, tanta sonrisa forzada. Tengo el cerebro derretido de tanto intentar ponerle nombre, de buscar respuestas. Al final todo sigue siendo un carrusel de razonamiento, hipótesis, planes e ideas absurdas. De buscar un algo, aunque no tenga ni puñetera idea de qué.

Estoy harta de los altibajos; las idas y venidas. Exhausta de pensar, de agradar, de esforzarme, de buscar siempre algo mejor. ¿Para qué? ¿Para quién? Llego hasta aquí agotada después de intentar ser yo misma, si al final resulta que no sirve de nada.

Tras la tristeza infinita y la euforia que me pilló por sorpresa, ahora llega el miedo. El terror al todo y el susto a la nada. Silencioso y sibilino, el vacío se ha colado entre las rendijas de mi cuerpo para quedarse.  El abismo oscuro y profundo que no tiene un verdadero final visible. Y como lo veo, la vida es un deambular de días grises y extraños. Raros. Con unas pinceladas de color aquí y allí, a ratos, para darnos treguas entre tanto tedio, tanto sudor, tanta lágrima.

Ciertamente, es momento de cuidar de mí misma y de no necesitar a nadie más. Pero por mucho que quiera, por muy valiente que intente ser, por tanto que me esfuerzo en ser fuerte; echo de menos alguien que me abrace y me estruje entre sus brazos; me coloque el pelo detrás de la oreja y me diga al oído que “pase lo que pase, todo va a salir bien”.

 

*Interludio: Composición breve que se ejecuta a modo de intermedio entre dos piezas musicales  de mayor duración o entre dos actos de una ópera u otra representación teatral.

 

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