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“Ser lo que uno es. Esa es la lucha. Porque desde que nací estoy siendo lo que la familia, la sociedad, la historia y la cultura quieren que sea. Estoy luchando por ser lo que soy. Detenerme y ver que hay en este esqueleto, en este cuerpo, en este intelecto” (Alejandro Jodorowsky)

Empiezan a aparecer los síntomas. Por suerte, tomé nota de la primera vez que pasó todo. Ahora no me va a pillar por sorpresa.  Toda la experiencia anterior va a funcionar como un escudo forjado a base de sufrimiento y lágrimas. A pesar de estar preparada para la batalla soy muy consciente de que la lucha es imparable, eterna y constante, en la que habrá horas de amargura, de dolor.

Siempre preguntándome cómo he llegado aquí. Desorientada, perdida. Cuestionando si mi brújula está bien calibrada y apunta de verdad al Norte.

Quizá es que, sencillamente, soy propensa a hacerme la vida más complicada de lo que debería. A lo mejor, simplemente, hacer las cosas como el resto del mundo no me vale.

Pero a partir de ahora disfrutaré del esfuerzo y la fatiga que supone crecer, hacerse mayor, madurar, de encontrarme a mí misma.

Me regodearé en  la pena y en la melancolía de estar sola. Ahondar en la tristeza. Bailar mano a mano con estos sentimientos tan oscuros, sabiendo que ahora soy yo la que lleva la voz cantante.

Resistiré el invierno que se acerca para florecer con el cambio de estación aún más fuerte y decida que antes.

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